jueves, 2 de mayo de 2013

Joe Dodge


A la memoria de Dashell Hammet.

‘A singer in a smoky room.
A smell of wine
and cheap perfume.’
(Don’t stop believing)

Van a venir y lo sabes.
Sabes que vendrán arcángeles pidiendo redenciones
y que solo podremos agachar la cabeza y asumir la derrota.
Ajustes de cuentas en camas desconocidas.

Hay un empate en cada lágrima.
Hay tres compases y todo huele a despedida.

Estoy en la cima de mi infierno
y tus ojos me piden lismosnas
mientras salto al vacío como Virginia Woolf.
Estrellándome contra todo y todos,
reventando cada pronóstico,
llorándole a mi mala sangre.

Y tic-tac, tic-tac, tic-tac, un saltimbanqui que se ríe de mí.
Tic-tac, tic-tac, el derrape de aquel taxi.
Tic-tac, los gemidos de mil putas rebuznando en mi azotea.
Tic-CLICK… ¡BANG! La última bala de ese revólver
                                                                           en la sien del poema.

     -Ha venido el sheriff, John. Papá está muy enfermo. Debemos preparar los caballos y partir inmediatamente.

Cabalgo la vida a lomos de falsas esperanzas.
No hay frenos para tanta desidia.

Sabes que acabaré dejándolo
porque siempre me canso de todo.
Vendrá el Apocalipsis y sobreviviré
porque soy el rey del bop,
porque soy indestructible
porque soy Atila.

Flagelaré mi inocencia hasta que
François Villon llamé a mi puerta desesperado.
     -¡Aprisa, aprisa! Se llevan al Marqués, quieren encerrarle por escándalo público.

Sandalias.
Silbidos de gondoleros.
La mirada clara del mercader de Venecia.
KELEVRA.

     -Lo siento, Humphrey. Coge tu sombrero, ponte la gabardina y vete. Has bebido demasiado y me niego a follar contigo si estás tan borracho. No eres más que un pendenciero.