domingo, 20 de julio de 2014

Celebración

Bueno, como hace tiempo que no subo nada me he visto en disposición de hacer una breve entrada homenaje.

Lo primero es un pequeño collage con todas las fotos usadas hasta ahora en el blog. Es algo que venía pensando hacer desde que hice un año con Suicide Hill, allá por el 27 de febrero. Aquí está:




Lo segundo es un colaboración que hice con Sara (@Sarashnikov en Twitter). Mi composición (que os dejo a continuación, tenía por título Fallos). La composición final conjunta salió a Youtube con el nombre de El alcohol me sabe a mierda.

¿Dónde te escondes?
¿Dónde te guarda esta urbe,
entre tanta hostilidad
de exilios y angustias?
He visto el invierno hacerse nada en tus ojos.

Ya no escribo crímenes en tu espalda
ni me hablas de acompañarme
por la avenida de mi desesperanza.

Ahora me faltas y se completa un ciclo,
quizás el último.
           Jugar a ser mayor era creerse las mentiras,
pero tú no querías un poeta
y no sabías que la luna trae tu nombre
y lo deposita en mi almohada
para que no te sienta lejos.

Te he buscado en versos,
en discos, en Urquijo y Kutxi.
¡¿Dónde te escondes?!

Amor de agravios.

Yo supe amarte bajo los focos,
en la inmensidad de este monstruo
que nos rodea, de esta masa
que nos muerde-abraza, que alivia,
susurra, exprime y mata.

Cuando vuelvas, si lo haces,
ven vestida de duda,
blanca, eterna, como lo eras siempre,
con un verso en la garganta y
el odio que nos tenemos tatuado en la memoria.

Aunque no lo creas,
ni lo sueñes ni lo imagines,
aunque tú no lo sepas
he naufragado en el mar de tus labios
y no sé cómo revivir sin ti.
Ya no quedan palabras que te devuelvan,
ni sílabas que disfracen tu ausencia.
Ya no queda nada, una nada negra,
enorme, inmensa. Una nada sin remite,
que nos deja desamparados
bajo tanta contaminación y ruidos de trenes.

En mi atención y tu pena
quisiera pedir ahora
un armisticio de desarraigo.
Tú, que todo lo podías,
diosa acaso,
vuelve ahora o vete
pero pon fin a esta extenuante tortura.


domingo, 6 de julio de 2014

Des//ubicaciones

Todo nos quedaba lejos. Todo. El tiempo, la distancia, la mera palabra. La vida transmutada en muerte. En paz eterna, descanso, ternura, pétrea eternidad. El tiempo parece envejecer así, en esta completa calma, en este limitado gotear de segundo tras segundo. Los excesos han sabido hacer de la vida un tenue crepitar de leña, un rojo hogar. Calidez. Mucha. Sudor. Angosto sudor resbalando por cada arista, cada gris, cada vello, cada duda, cada excusa.

La vida entendida como un haiku. Como la conexión mental entre el ser y el sonido de las hojas al mecerse con el viento; entre el ser y la gota que cae; entre el ser y el todo, la naturaleza, la vida. La humanidad. Pura humanidad, despojada de máscaras, de cruces y penitencias.

Éramos todo lo normales que podíamos ser, sin llegar a ser normales. El ser humano, pese a ser poco humano, es solo memoria. Memoria y nada. Lo único que tenemos es la voluntad de recordar. Humor clásico, que diría Richard Elster. El hombre no comprende la vida, no eleva la consciencia. El hombre es un necio. ¡Maldito el necio que baja de los árboles!

La cicatriz del sueño. Del arcoíris que ansiamos a la mierda que somos.

La mayor obsesión de la humanidad ha sido siempre medir el tiempo. Medirlo, extasiarlo, contarlo. Controlarlo. Ciudades, relojes, despertadores, horarios, secretarias, café, estrés, Prozac, psiquiatras, Litio, discotecas, estrés, estrés, deudas, alquileres, coches, gasolina, guerras. El hombre se ha separado inexorablemente de la naturaleza. Del árbol al rascacielos; del caballo al coche, del taparrabos a la falda. Lejos. Lejos de todo, de la humanidad, de la razón de ser, de la llamada del espíritu primigenio que sobrevuela todo verdadero instinto.

El hombre es carne de necesidades. Artificiales. Necesidades artificiales. Todo-
nada, blanco-negro. Consumir, consumir. Banalidad.


El hombre muerto. La consciencia ausente. La generación del sobrestímulo.