miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tembladeral de silencio

Tan de verdad,
que parecía mentira.
PEDRO SALINAS

Hoy, por doler, me duele hasta tu nombre.

Octubre ha muerto
y ya nunca vuelves.

Ya no te me regresas,
vencida y póstuma,
a arrojarme contra el tiempo
el frío otoño de tus labios.
El verso fecundó
en tu nutrida tierra,
y besa el mármol danzante
bajo tu pesada huella.

Oh, Amanda Plá,
misterio o nada,
tú, que con la palabra
derrocaste imperios,
que me trajiste de vuelta
la necedad del otro lado.
Tú que hoy ya no me matas,
ni te olvido ni me ansias,
tú que ya te has hecho viento,
verdad amada.

Tú, rastro inconcluso de toda vida.



Te me venías desde el fondo, centella entre la niebla, extenuante mortal, prisión de tus caderas.
Amanda Plá se sabía póstuma, póstuma y efímera, y era por eso que cantaba, que cantaba, lloraba y reía para perder así un poco menos la cordura. Amanda Plá amaba el silencio, los callejones, amarme en otras camas. Se me dibujaba de noche, de rabia, con otros nombres y otro rostro, pero siempre la hallé huérfana en las más sucia y terca esquina de sus horrores.
Amanda Plá odiaba el alfabeto, irradiaba espantos y me recordaba a veces que no hay verso sin dueño ni rencor sin ocaso. Se me sentaba en las piernas, mirándome, tan cerca y tan lejos, tan poco de verdad; tan mía y suya, tan tanto y todo que pareciera a veces que me quisiera, que me decía a veces que me olvidaba.
Amanda Plá era ser contra todo, calendario inquieto, vestido rasgado: era vida y mármol. Amanda Plá ya no se sobrevive en los cambios, ni suda en otros tiempos ni muere en otros labios.