lunes, 6 de abril de 2015

SONETO I

Ya le recé mil versos a tu ausencia,
cuando se calla aún la noche siempre,
-amarga luna que lloraba lirios-
y te veía de lejos, flor marchita.

Yo amé la vida hecha sinsentidos,
y hoy ya nada es mío sino del aire,
aire que vuela amargo entre las tumbas
y trae consigo ese olor a muerte
                       [o tedio].

No somos ya ni siquiera un nosotros,
apenas un gris vaho, tierra yerma,
un ocaso que danza de puntillas,

no volverás a mí de entre la niebla,
a amamantar a un poema huérfano
como quien ve arder un mundo en silencio.